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El Bardo

  • Foto del escritor: Jose Silva
    Jose Silva
  • 15 nov
  • 2 Min. de lectura

Un bardo es un sinónimo de poeta, trovador, aventurero o simplemente un soñador, en este último sentido (en el cual yo mismo me incluyo), somos muchos. Ser un bardo va mucho más allá de tocar música o componer poemas. En la antigua cultura celta, estos personajes ocupaban un lugar destacado y eran vistos como guardianes de la sabiduría y de la memoria común de su gente.


Eran expertos en el arte de la palabra, capaces de comunicar conocimientos, valores y tradiciones mediante relatos y cantos. Su función resultaba esencial para conservar y transmitir la cultura y la identidad de la comunidad.


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Cuando un bardo abandona su tierra para aventurarse en destinos y lugares lejanos, no parte en soledad: lo acompañan las voces de su gente, los relatos que lo moldearon y las resonancias de viejas melodías. Cada paso se convierte en un lazo entre su pasado y aquello que aún le espera. En su carga no lleva solo instrumentos, sino también experiencias que reflejan la esencia viva de su cultura, preparada para arraigar en otros horizontes.


Asi pues, si corremos por senderos desconocidos ya sea por aventura o por necesidad, llevemos siempre el propósito que permanece: conservar, transmitir y renovar las historias que forjaron quiénes somos y de dónde venimos. Doquiera que estemos, llevemos como buen ejemplo nuestro canto, nuestro comportamiento y nuestras acciones. Así serviremos como un puente que conecte lo remoto con lo cercano, lo reciente con lo antiguo sin nunca perder nuestra identidad, que estará siempre arraigada en lo más profundo de nuestro corazón.



El Bardo


Por qué vuelas bardo tan apresurado vuelo

por qué tan ansioso hacia lo inexorable

por qué dejas atrás remolinos en el tiempo

plegarias en la tierra y esperanzas en el aire.


Por qué dejas tu suelo al filo de la umbría

sabiendo las penas del cruel desterramiento

por qué volver la espalda cuando más se necesita

encontrar nuevos bríos ante el fatal momento.


Pequeña es nuestra estirpe pero grandes son las metas

que nacen en aquellos que no ceden en su empresa

no pierdas la esperanza pues no hay aurora arpía

ni leviatán temible que profanen nuestra estrella.


José Luis Silva-Díaz


 
 
 

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