Añoranza campesina
- Jose Silva
- 28 oct
- 1 Min. de lectura
Cuando un campesino se enamora, lo hace como si sembrara una semilla. La riega a diario con el rocío de su amor, y tal vez, de vez en cuando, con lágrimas sinceras. No promete una flor, sino los frutos de toda su cosecha.

Su amor no viene envuelto en palabras complicadas, sino que está demostrado a través del sudor de su frente acompañado de gestos simples: una mirada tierna, un silencio compartido, un tibio beso en la mejilla. Su amor no corre ni se apura, solamente lo riega despacio, espera y confía. Sólo le basta tener a quien mirar al fina del día, cuando el sol se esconde y sus manos cansadas encuentran otras manos iguales de sinceras.
Añoranza campesina
En tu rostro yacen
dos dulces dátiles
serena frente
y mejillas suaves
Tocan tus manos
como de ángel
pétalos tristes
de mis rosales
Tiernos abrazos
tus alas ágiles
mi vida llenan
las horas frágiles
Es el bohío
de remembranzas
cientos de afanes
y bienandanzas
Refleja el cielo
sus mil ventanas
y es que mi luna
tu luna extraña
Mi sueño nutren
bellas ondinas
que me transportan
a las colinas
Y me pasean
por los rosales
por el sendero
de madrigales
Y en el camino
veo un bohío
¡y en él tu rostro
dulce amor mío!
José Luis Silva-Díaz







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